POSICIONANDO

Hay gente que aún se extraña cuando digo, bien serio, que creo en dios, más concretamente creo en la existencia de algo equiparable a ese concepto que nos enseñaron (metieron a rosca-chapa) desde niños, en eso que llaman Dios.

Yo lo pongo en minúsculas porque para mi es un colega, un compañero del camino con el que, al igual que cualquier otro amigo, discutes, te reconcilias, bromeas ... y por tanto no hay que tener el exacerbado respeto que nos dijeron, más que nada porque el respeto mal concebido y aprendido puede dar lugar al miedo y no creo yo que deba ser esa la base de la creencia en su existencia.

Bien, ¿y por qué se extraña la gente?; saben de mi tirria con todo lo que suene a iglesia, a curas y Vaticano, a censuras y chanchullos, y no sólo a la iglesia católica, que por lógica es la que más conozco, y ¿entonces?.

El problema es que se parte de un error, se tiende a igualar el ateismo al agnosticismo y yo sólo soy seguidor de lo segundo, es decir, soy agnóstico, no creo que la fe o la creencia en la existencia de un dios pueda "enseñarse", es algo tan personal (como los gustos musicales) que no puede trascender ese aspecto, el interior de la persona. Y por supuesto, como buen agnóstico, dejo a cada cual su propia creencia, no quiero imponer la mía de igual manera que no quiero que me impongan la que me es ajena; todo este asunto se debe basar en el mutuo respeto, aspecto en el cual, la iglesia católica siempre ha dejado mucho que desear.

Proveniente de un colegio ultracatólico y de una familia materna con fuertes creencias católicas, tuve la suerte de acabar en un Instituto público donde descubrí otro mundo, más libre y respetuoso, donde el simple hecho de mirar el trasero a una compañera no acarreaba la quema en el infierno por toda la eternidad. Fue en esos años de mi adolescencia donde incluso perdí de vista al compañero de viaje, normal por otra parte, tanto desenfreno y hedonismo suelen ser antagonistas del desarrollo del plano espiritual de la persona.

Sin embargo, llegada la media madurez (allá por los 28 o 29 años), y cubierto el período de juergas descontroladas, me reencontré con él, hicimos un pacto de no agresión, que en ocasiones se transgrede como en cualquier otra relación y desde entonces ....

Si, creo en dios.

PD: no, tranquilos, esta entrada no vendrá acompañada de otras, no voy a ponerme en plan santurrón prometiendo la salvación de vuestras almas o demás zarandajas, repito lo antes dicho, cada cual es dueño de su creencia; simplemente quería posicionarme en el aprendizaje que acabo de empezar, y que mejor manera de empezar que esta.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Menos mal q aclaraste al fina porq ya me veia llamandote padre y con sotana

Merlin dijo...

¿Lo ves?, incluso explicándolo el error persiste, a veces no se ni porqué me meto en estos líos .... se me culturicen ¡coño!.

Unknown dijo...

¡¡No sabes cómo te entiendo!! A mí me pasa algo parecido; es decir, cuando digo que creo en Dios, todo el mundo me sale por la tangente de que la Iglesia Católica hace/hizo tal o cual cosa...no sé, pero si no me equivoco, en ningún momento salió por mi boca la idea de que creyese en la Iglesia...las dos cosas, a mi modo de ver, no tienen por qué ir unidas...

En fin, me acabas de dar una idea genial para escribir un artículo (¡¡te la "robo"!!).

¡¡saludos!! :D